Eduardo Bergallo

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Uber, la industria discografica y la paja en el ojo ajeno.

Desde hace unos días, hay en Buenos Aires mucho revuelo por la llegada de Uber...

Así como en todas las ciudades donde funciona, los taxistas locales se oponen y tratan de evitar que la aplicación y el servicio se instalen legalmente.
Y hay mucho revuelo por todos los medios, gente opinando sobre todo. Desde la parte comercial, impositiva, moral, seguridad, etc.
Hasta los taxistas están jugando al cazador y llevándole a los Uber drivers a la policía para que los detenga.
Demencial.
Me pregunto si estos señores que de golpe son tan legales, nunca habrán comprado una película en DVD a un mantero en la calle, o comprado una camiseta Adidas “original” por 1/5 de lo que costaba en la tienda oficial.

Hace poco, volví de un viaje por el aeropuerto de Ezeiza, y al consultar por un viaje hasta mi casa, el importe era de unos 55 u$s.
Viendo que hacia un mes atrás había sido de 42 u$s, le comento a la recepcionista:
-Avisale a tus compañeros que revisen los precios, porque va a llegar Uber y la diferencia va a ser tan grande que va a ser imparable y se van a quedar sin trabajo. *
-Ojalá que eso no pase, porque somos muchas familias que dependemos de eso - me contestó.


Y en el viaje de regreso, me quedé pensando en mi experiencia personal, acerca de un proceso similar.

Yo tuve la fortuna de conocer una industria discográfica, relativamente saludable, que financiaba (con dinero que generaban los artistas) la grabación, mezcla, mastering, fabricación, distribución y promoción de una álbum.
Con ese dinero, vivían músicos, estudios, ingenieros, asistentes, A&R's, productores, distribuidores, etc. Una cantidad importante de personas involucradas en la creación de cada obra.
Y también, las obras eran realizadas en el tiempo y lugares debidos, con el personal idóneo para cada tarea.
(Ese me parece un item mucho mas importante que el del dinero)

Y un día llegó el Uber de las discográficas. el CD Virgen. Y luego Napster.
Y las bajadas de albums via MegaUpload y todo eso.
Que encima eran “gratis”.

Y ahi, nadie al momento de clickear “Bajar” se hacia el planteo moral de estar dejando sin trabajo a todos los involucrados mas arriba.
Y creanme que eso pasó. A los que mejor nos fue, pasamos a poder cobrar hoy (2016) entre 1/3 o 1/4 de los que se percibía por el mismo trabajo en finales de los ’90. Los demás, obviamente quebraron o se dedicaron a otra cosa.
Porque TODOS, desde los artistas hasta los taxistas (que hoy se asustan por su futuro imperfecto), bajaron música ilegalmente.
Y las consecuencias fueron demoledoras.
Los estudios cerraron, las empresas discográficas se redujeron a un mínimo de personal impensable, y lo peor de todo, los discos hoy los hace cualquiera, en cualquier lado y el mayor perjudicado es el arte de la música.
Porque todo conspiró para nivelar para abajo.
Y no hay vuelta atrás.
Porque no se puede evitar el avance y la comodidad de escuchar la música que se te ocurra, en cuestionable calidad, y a un bajísimo costo (o nulo) que básicamente se logra, a partir de que no hay objeto físico que fabricar y distribuir y que los artistas perciban muchísimo menos que lo que percibían en “las buenas épocas”.
Si el gremio de músicos o técnicos (que no existía en ese momento) hubiera puesto el grito en el cielo, tal vez hubiera hecho un poco de ruido. Pero nada mas. La tentación de escuchar musica gratis fue y es demasiado fuerte. Imparable.
Así como lo es pedir un auto que te busque en donde estés, para llevarte por la ruta mas corta, auditado por
una empresa a la cual te podes quejar, que no tenés que preocuparte por el cash (en Argentina los taxis no aceptan tarjetas de credito o debito) y con la libertad de cancelarlo si el conductor tiene malos reviews.
Y encima mas barato que un probable y lejano taxi… olvídalo.
Los taxis van a perder.
La diferencia en lo que se pierde entre Taxis y Uber, y entre los discos bien realizados y los que ya no tienen presupuesto, no es comparable.
Porque la pérdida de calidad en una obra de Arte es un mal irreparable. La realización de un álbum es una colección de momentos únicos, irrepetible, que tiene que disponer de los mejores recursos posibles para eternizarlo. Y eso hace rato que ya no es la norma.
Con Uber solo se pierde a lo mejor, un seguro para el pasajero en el caso de un accidente. Pero para ese momento, el accidente ya pasó… Y convengamos que no es muy habitual tener un accidente en un taxi.
Es pagar un precio mas alto por un “por las dudas”.
En cambio es tan habitual encontrarme con producciones discográficas de bajo presupuesto, que me dan ganas de dedicarme a otra cosa.

Conclusión: vas a viajar cada vez mas barato (esta vez a cargo del conductor, que con el tiempo se va a dar cuenta que el mantenimiento del auto no es tan barato y debería cobrar un poco mas) y de no pagar algunos gastos asociados a las licencias, impuestos y gastos de las empresas de taxis.
Eso si, la música nueva que escuches en el Uber, nunca va a estar tan bien hecha, como solía ser hasta mediados de los ’90.

*Aun hoy, abril de 2016, no existe una opción de transporte público (Bus, Tren o Subte) que te saque del Aeropuerto y te deje en la ciudad, por lo que de alguna manera, el recién aterrizado es rehén de los precios que impongan los servicios de transporte de Aeropuerto de Ezeiza.



17/04/2016 | Artículos | Volver